La Consulta Liberal

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La pugna interna del Partido Liberal será resuelta con la participación de los colombianos que quieran meter la mano en ella, en una consulta acordada para el 19 de noviembre, en la que no será necesario presentar acreditación alguna pero, querámoslo o no, se hará con cargo al bolsillo de todos nosotros. Precisamente, esto se da en el momento de la más baja aceptación de los partidos políticos por el común de los ciudadanos que miran éstas  organizaciones clientelistas dedicadas en un todo al servicio de proclives intereses y no como centros de pensamiento en defensa de los principios y postulados doctrinarios de sus fundadores, que era la lógica seguida en el pasado. La Colombia de hoy, empobrecida y desfalcada por los mismos corruptos dirigentes que se las ingenian para desangrar las ya débiles finanzas públicas, que no tienen cómo hacer frente al desbordante caos en la salud, la educación y el medio ambiente, por no mencionar sino éstos, tendrá que desembolsar, nada más ni nada menos, que 40 mil millones de pesos para arreglar un problema entre dos aspirantes de esa colectividad no resuelto por su actual Jefe Único, el expresidente Gaviria. Y eso, que nos escapamos de desembolsar 85 mil millones, que era lo que inicialmente se tenía presupuestado de no haberse sostenido en la propuesta el Ministerio de Hacienda que tercamente se mantuvo en los 40 mil. ¿Cuánto no arreglaríamos con esa plata en Risaralda, por ejemplo, en el solo sector de la salud, donde la atención es precaria y deficiente? Pero no, qué les va a importar a estos dirigentes mañosos dedicados a obtener provecho de sus cálculos electoreros, el oneroso despilfarro producto de sus rencillas cuando ésta, a más de no propiciar la solución de un problema nacional, sino el zanjar las diferencias entre dos aspirantes a lograr la candidatura oficial de ese partido, enfrentados por la simple  mecánica de la escogencia, terminará prestándose para una engañosa manera de distorsionar la realidad política, pues hay ya quienes le apuestan a votar copiosamente por el exministro Juan Fernando Cristo, incluso miembros de otras agrupaciones partidistas, con el fin de investirlo a él como candidato oficial del liberalismo, el cual sería, piensan ellos, más fácil de derrotar en las presidenciales que a Humberto  De La Calle, político caldense de mucho mayor prestigio y quien, como vicepresidente de Samper, tuvo el coraje de renunciar a su dignidad, al verse haciendo parte de un gobierno corrupto que la  clase política colombiana absolvió en su momento, no por encontrarlo inocente, sino por solidaridad de cuerpo, absolución esta que el pueblo colombiano en su inmensa mayoría rechaza, como indignado se manifiesta cada vez que este expresidente hace presencia nacional. Distinto sería dejar este intrascendente pleito para ser votado en las parlamentarias de marzo aprovechando toda su logística y no arrastrar al país a un innecesario gasto, solo por satisfacer veleidades personales.

 

Alberto Zuluaga Trujillo.                                                  alzutru45@hotmail.com