RABO DE PAJA

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La Justicia Especial de Paz (JEP), como instancia de cierre del conflicto armado que desde hace cerca de sesenta años vive el país, será decisivo en la reconciliación de los colombianos puesto que su misión será la de hacer justicia para asegurar la paz, juzgando por igual a  los responsables de ambos bandos con el fin de que haya verdad, sanción y reparación. En su afán populista de hacer trizas el Acuerdo, coherente con su discurso manipulador de que Colombia está a las puertas del castrochavismo, el Centro Democrático arremete contra este Tribunal señalándolo de indigno y de ser una clara y auténtica claudicación del Estado, que desprotegerá a los empresarios tenidos por protagonistas y no por víctimas del conflicto. Bien es sabido que entre estos, hubo quienes pagaron para no ser secuestrados y quienes financiaron a los paramilitares para lucrarse de sus crímenes. El engaño sistemático, las verdades a medias y las mentiras descaradas son hoy  recursos de la sucia política con los que Álvaro Uribe, como hábil manipulador, ha sabido manejar su liderazgo, con el asentimiento pleno de una prensa que, haciendo eco de sus declaraciones, aviva  los odios en un país dividido y radicalizado que condena, de un lado, el Acuerdo de La Habana y del otro, pone toda su fe en el mismo. De todas estas falsedades la más peligrosa por enfrentar el sentimiento de los colombianos con su democracia, es la de insistir en el desconocimiento que el Gobierno hizo del plebiscito. El mismo Centro Democrático, convocado por el Ejecutivo, participó activamente en la revisión de los motivos que llevaron a su negativa, introduciéndole muchas de las modificaciones expresadas por los sectores políticos y la oposición, lográndose incluso un casi acuerdo con Álvaro Uribe,  como lo manifestó en su momento Sergio Jaramillo, excomisionado de Paz, triunfando tristemente el cálculo electoral del intransigente opositor del proceso. Pero su discurso mentiroso poco a poco se va desvaneciendo, porque en el supuesto caso de que lograra imponer como Presidente a su candidato, cosa que no ocurrirá, tendría obligatoriamente que respetar el Acuerdo, al haberse blindado por doce años su implementación, significando ello que de política gubernamental pasó a ser política de Estado. Era de esperarse que la escogencia de la JEP  dejara seriamente preocupado a algunos sectores e individuos que, como el expresidente, tiene a buena parte de sus excolaboradores en el Gobierno condenados, arrestados o investigados por la justicia, de la que dice ser un perseguido político, cuando ha sido él quien les ha sugerido huir del país para evadir los tribunales. Es el mismo que obtuvo 1.500.000 mil votos de los paramilitares que le ayudaron a elegir a sus congresistas, de entre los 5.862.655 alcanzados en el 2002, gobernando con todos ellos y a quienes invitaba a votar sus proyecticos antes de que los metieran a la cárcel. Como decían los viejos: “Aquel que tiene rabo de paja no se acerca a la candela.”

 

Alberto Zuluaga Trujillo.                                                 alzutru45@hotmail.com