SEGUIMOS MAL

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Con inmenso desgano aprobó  la Cámara de Representantes la reforma política que habrá de hacer tránsito a la Comisión Primera del Senado, para ser discutido en tercer debate y sufrir, luego, en la plenaria, su cuarta y última discusión reglamentaria. El proyecto de reforma hace parte de las iniciativas de implementación acordadas en La Habana entre el Gobierno y las Farc,  siendo tramitado a través del “Fast Track” o vía rápida, que reduce a la mitad el número de debates que se requieren para la aprobación de las leyes y reformas constitucionales, recibiendo la declaratoria de exequibilidad  por parte de la Corte Constitucional, impidiendo la discusión pormenorizada de los proyectos y reformas en trámite, al obligar su votación en bloque. Se destacan en ella la presentación por parte de los partidos políticos de las listas cerradas para el Congreso a partir de las elecciones del 2022, permitiéndose las coaliciones interpartidistas para la inscripción conjunta de candidatos desde el 2018. Igualmente, se permitió que los departamentos exentos de representación en el Senado, Chocó, San Andrés, Arauca, Amazonas, Casanare, Caquetá, Putumayo, Guainía, Guaviare, Vichada y Vaupés, puedan tenerla, como también, la exigencia del voto como requisito indispensable para acceder a un empleo público o para contratar con el Estado. Es pertinente recordar en este momento, que la refrendación del Acuerdo de Paz,  a través de un plebiscito, fue un error no calculado del Gobierno ante las atribuciones constitucionales que el Presidente tiene para negociar el fin de un conflicto. Ante la engañosa manipulación confesada por el gerente de la campaña del Centro Democrático al hacer votar a la gente “emberracada” apelando a un sentimiento genuinamente humano, triunfó el No, debiendo el Ejecutivo  renegociar un nuevo acuerdo con las Farc y los grupos que impulsaron su rechazo, firmado en el Teatro Colón. Es este, en estricto sentido,  un acuerdo distinto, que obligó al Gobierno a acudir al Congreso  ante el inminente peligro de poner en riesgo la desmovilización guerrillera, lo que le ha permitido a la oposición cuestionar la legitimidad de su trámite en el legislativo, fórmula ésta más segura aunque de poca presentación. Como es costumbre, se le colgó un mico permitiendo que los miembros de los cuerpos colegiados de elección popular puedan por una sola vez, y ya van tres, renunciar a sus curules para inscribirse por un partido distinto al que los avaló.  La aprobación final que le dará el Senado, salvará sin duda alguna el Acuerdo de Paz, pero lejos estará de  haberle dado al país una bien estructurada  reforma política acorde con lo que el país requiere y espera, poniendo en evidencia la incapacidad del Congreso para auto reformarse y haciendo que el país nacional retome una vez más el inaplazable  debate de la necesidad o no de una nueva Asamblea Nacional Constituyente, que reemplace la remendada Constitución del 91. Fue ésta, a no dudarlo, una reforma cosmética para cumplir y nada más.

 

Alberto Zuluaga Trujillo                                                  alzutru45@hotmail.com